La nueva ‘Pirates of the Caribbean’ navega rumbo al hastío


[Reseña sin ‘spoilers’] La quinta entrega de la saga de piratas llega a las salas, pero ni la presencia de Johnny Depp evita que naufrague en un mar de aburrimiento.

Al igual que un marinero en alta mar, la saga cinematográfica de Pirates of the Caribbean emplea su nueva entrega — que se estrena hoy, 26 de mayo, en Estados Unidos — como una brújula que la ayude a recuperar el favor del público.

La saga ha echado mano en Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales de una fórmula que le funcionó a Star Wars y Jurassic Park; esto es, decidieron hacer un reboot de la franquicia.

Para ello, esta nueva entrega — la quinta de la saga — replicó la estructura del primer filme, Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl (2003): una pareja joven, que al inicio no para de pelear pero luego terminará por enamorarse uno del otro; un tesoro oculto y de naturaleza fantástica; un villano y secuaces aquejados por una maldición sobrenatural; y la presencia de Jack Sparrow, que aporta comedia a la trama y es la estrella sobre la que gravitan todos los otros elementos de la franquicia.

Esa es la fórmula de la primera película de la saga y es exactamente las premisas de la nueva entrega, Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales, que en algunas regiones lleva otro subtítulo más fácil de traducir: Salazar’s Revenge.

La idea no es mala en sí. A fin de cuentas, se trata de la quinta entrega de una saga que ya tiene 14 años de creada. Luce sensato relanzarla con una fórmula que ha funcionado antes. Esa familiaridad con lo que se ve en pantalla — es una nueva película pero la estructura es un calco fiel de lo que gustó antes — busca crear un nuevo ciclo de historias, introduciendo personajes frescos que atraigan a una nueva generación de espectadores.

Esta intención dota a Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales de un propósito y una razón de ser, que se echaba de menos en la anterior entrega, On Stranger Tides (2011). Ayuda también que los nuevos directores — los noruegos Joachim Rønning y Espen Sandberg, realizadores de la aclamada película Kon Tiki (2012) — conocen bien cómo ambientar una historia en el mar y hacerla entretenida.

Pero el camino al fondo del mar está plagado de buenas intenciones y la propuesta de Dead Men Tell No Tales no llega a buen puerto. Se le echa en falta un elemento crucial en toda película de aventuras: que sea emocionante o aterradora. En pocas palabras, que despliegue las velas de la imaginación en el espectador.

El filme no emociona. Su historia está bien contada y dispone de efectos visuales de factura impecable. Y se apoya en dos actores — Johnny Depp y Geoffrey Rush — que conocen al dedillo a sus personajes (Jack Sparrow y el Capitán Barbossa, respectivamente) y saben extraerles matices inéditos y cautivadores.

Quizás la pareja joven, interpretada por Kaya Scodelario y Brenton Thwaites, no posee el carisma exhibido por Keira Knightley y Orlando Bloom en la trilogía original.

Y el villano, encarnado por el actor español Javier Bardem como el fantasmagórico Capitán Salazar, no se erige en la amenaza principal de la historia, en una presencia capaz de causar pavor y compasión a la vez, marcas de distinción de los villanos de títulos previos, como Barbossa y Davy Jones.

El objetivo final de la trama es encontrar el Tridente de Poseidón, pues quien lo sostenga puede controlar el mar y ponerle fin a todas las maldiciones que en él habitan. Pero su búsqueda pareciera sólo alentar la historia de la pareja joven y casi no se cruza con la venganza del fantasma del Capitán Salazar, quien desea cobrarle a Jack Sparrow el haber causado su perdición en el Triángulo de las Bermudas.

Jack Sparrow (Johnny Depp) confronta a la astuta Carina Smyth (Kaya Scodelario) en la cubierta del barco.

Peter Mountain/Walt Disney Pictures

Estas incoherencias del argumento nada ayudan a la visión de Disney por relanzar la saga de Pirates of the Caribbean, una franquicia digna de valor pues partió de una idea poco promisoria — adaptar al cine una atracción de parque de diversiones — para crear una película original (The Curse of the Black Pearl) con personajes memorables.

Que Dead Men Tell No Tales sea la quinta entrega de una saga revela que su premisa hizo conexión con el público. Jack Sparrow — y la actuación de Johnny Depp — ya es un icono del cine contemporáneo. Pero el carisma del personaje no es suficiente para sostener a la nueva película, que navega sin tropiezos entre el hastío y la indiferencia.

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